Las violaciones son una realidad mundial.
Tanto en los países ricos como en los pobres, pese a las diferencias
culturales, religiosas y sociales las mujeres siguen consideradas
frecuentemente como meros objetos sexuales.
La violación es, sin ningún género de dudas,
la forma más evidente de dominación ejercida, de manera violenta, por los
hombres sobre las mujeres. En ella se traslucen los iconos atávicos presentes
aún en la mente del hombre, lo que se conoce como machismo:
implica un menosprecio de la mujer considerándola como mero objeto destinado a
satisfacer las apetencias sexuales y la convicción de que la mujer debe estar
sometida al hombre. No supone considerar a la mujer inferior al hombre en una
cuestión de grado sino el considerarla un ser inferior, un ser con el que se
pueden cometer todo tipo de excesos.
Serían las mujeres con unos mayores niveles
de formación e independencia las que más estarían expuestas a ser violadas.
Estarían más expuestas a ser violadas aquellas mujeres con mayor determinación
ante los requerimientos sexuales no deseados; lo que indicaría que muchas
violaciones no llegan a producirse al ceder las mujeres ante relaciones
sexuales impuestas. Por lo que al hecho de la violación habría que sumar el de
la imposición de relaciones sexuales no deseadas.
La sexualidad no siempre resulta una
elección para la adolescente: algunas declaran haber sufrido una o varias
relaciones sexuales “bajo coerción” o “a la fuerza. Entre ellas, las tres
cuartas partes de las relaciones impuestas lo habían sido por otros jóvenes y,
con mayor frecuencia, por jóvenes conocidos.
La violación produce efectos devastadores
que van más allá de los causados por la violencia ejercida. Las mujeres
violadas pueden caer en profundas depresiones, pudiendo llegar a suicidarse,
pueden cambiar su carácter volviéndose más retraídas, caer en el consumo de alcohol
o drogas. El sida o quedar embarazadas de su agresor son
también sus posibles consecuencias. Las mujeres víctimas de la violación sufren
una doble agresión, a la del agresor se suma la de la familia y la comunidad.

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